domingo, 17 de mayo de 2026

Yin y Yang

¡Qué tristeza destilan mis escritos de hace un tiempo! Ahora no me siento así. Actualmente me siento más alegre y serena, será que me hago mayor y quizás también más calmada y ... ¿por qué no? ... más sabia. Será que me llegan los ecos del más allá y puedo contemplar mi vida desde otra perspectiva más completa y ecuánime. Es como si tras haber peregrinado un largo y arduo camino, me parase a contemplar desde lo alto de una suave colina el escarpado sendero recorrido, sabiendo que el final del trayecto está más cerca. Ya no duelen las heridas de los pies, que han ido cicatrizando poco a poco, ni maldigo los contratiempos que he tenido que afrontar en ciertos tramos, ni lamento no tener o no ser lo que hubiera imaginado mejor y más valioso. Por el contrario, me siento agradecida, bendecida y muy afortunada de haber llegado hasta aquí, a pesar del dolor y de las heridas, que ahora entiendo, forman parte de la experiencia de vida. Ya no comparto ese sentir que me llevaba a escribir sobre pozos profundos que nunca se llenan. Siento que mi vida está llena de tesoros, pero también me siento más ligera, pues ahora el vacío es libertad, y no dolor. El vacío es fértil y no estéril. Es un vacío que me libera de ataduras y me acerca a lo que realmente soy. Atravesé muchas noches oscuras antes de abrir los ojos a un amanecer luminoso y radiante. Hoy siento que estoy donde me corresponde estar, haciendo lo que he venido a hacer y todo es más fácil. He visto y reconocido a mis personajes y también les he perdonado y ofrecido amor y comprensión. Por eso me siento agradecida. Se que el camino aun no ha terminado, que debo enfrentar momentos de dolor, de duelo... momentos sombríos. Eso forma parte de la vida que pactamos vivir. Sin embargo, creo que a partir de ahora no va a ser igual que antes, pues algo ha cambiado y es mi comprensión profunda, mi visión, sobre la vida y la muerte.

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