jueves, 10 de septiembre de 2015



El Mandala

La inspiración raramente llega.  Muchas veces estoy tentada de sentarme a escribir, pero entonces me invade una sensación de incomodidad, una especie de inquietud - ¿será miedo también? -  que me disuade del intento. Entonces me digo a mi misma que no me siento inspirada, que mejor esperar a que llegue la bendita inspiración, que nunca o raramente llega de por sí. Y es que me parece que  a la inspiración hay que buscarla. Que casi únicamente surge sobre la marcha, cuando uno se decide a no esperarla, a acometer la tarea creativa que sea y a aceptar que no siempre va a surgir de ella una obra de arte excepcional, sino que el simple acto de crear ya es sagrado y suficiente, es decir, tiene sentido y merece la pena.


Es un planteamiento muy budista, que comparto profundamente. El gusto está en la acción por sí misma, acompañada del sentir y de ahí surge la inspiración. Si pongo mi objetivo en la obra resultante, tendré mucho más miedo de acometer la acción, pues tenderé a pensar que estoy lejos de lograr alcanzar un listón tan alto como el que suelo imponerme. Y es que vivimos en un mundo masculino de competitividad en el que continuamente se habla de “resultados” en todos los aspectos; todo está orientado al resultado práctico, a la ganancia tangible, a la acción eficaz y productiva. Sin embargo, qué poco amor ponemos en la tarea de por sí. 


Hace tiempo compartí una foto en la que se veía un gran mandala de arena, creado con increíble minuciosidad y esmero por unos monjes tibetanos, que tras acabarlo, barrían sin dilación. Qué gran ejercicio de paciencia y humildad y que gran lección. Así construimos o se construyen nuestras vidas, como un gran mandala, que en algún momento será barrido irremisiblemente por una mano invisible, sin dejar más rastro que un leve recuerdo, que se irá difuminando con el paso del tiempo, como la arena del mandala se escurre entre los dedos…


miércoles, 9 de septiembre de 2015






Hoy mi niña está contenta

Hoy descubro con agradable sorpresa, que algunas personas han dejado comentarios en mi blog, animándome a seguir escribiendo. Siento una mezcla de vergüenza y satisfacción al mismo tiempo. La vergüenza de haber sido sorprendida en una intimidad, que en realidad no es tal, pues al escribir en un blog, estoy haciendo públicos mis pensamientos y con ellos parte de mi esfera íntima, aunque de alguna manera había dudado de que alguien fuera a leerlo… o secretamente creído que nadie se iba a tomar la molestia de detenerse a leer las elucubraciones mentales de una mujer desconocida, de una mujer como yo, o sea, a leer“mis cosas”.

Me doy cuenta de cómo estoy acostumbrada a hacerme invisible, de cómo mi ego tiende a quitarme mérito, a achicarme, a infravalorarme… Es esa vocecita que te dice: “¡Cuídado! “A ver si la niña se lo va a creer!” Pero resulta que esta niña tiene necesidad de creerse que es buena, que es válida y que hace cosas bien, porque esta niña, a partir de algún momento de su infancia, empezó a creer que ella no valía nada.

Así que hoy mi niña está contenta. A ella le gusta escribir. También le gusta pintar, jugar, cantar, bailar, tocar instrumentos musicales. Le gusta la naturaleza: los animales, las plantas, … Los paseos por la playa cuando el sol no aprieta,…

Hoy mi niña está contenta. Hay una alegre campanilla que resuena en su interior. 

miércoles, 4 de febrero de 2015









Viento del sur, llévatelo cantando
El dolor del sin techo, la pena del que vaga
Por este yermo páramo donde impera el olvido.

El olvido de si, la distancia hacia el otro.
Separación ficticia, creada por la mente.

Quisiera regresar al lugar del abrazo,
Donde este extraño sueño se esfume para siempre.
Y por siempre sentir el corazón que late
Un mismo corazón ,  radiante e infinito.

martes, 3 de febrero de 2015



La manita en el centro de la estancia profunda,
Umbría yerma cripta donde habita el olvido.
 Aprieta un ramillete de lavanda silvestre,
Esparciendo el aroma, inundando mi ser.

Los días se suceden como manta infinita
Arrastrada por Tita en su viaje sin retorno,
La niña lo mantiene en su manita húmeda,
 El aroma apretado se intensifica más…

Me cansa la película, ya dura demasiado,
Actores y paisajes desfilan ante mi,
Parece no acabar nunca esta función maldita,
Cuando compré la entrada no supe de que iba.
 
La manita se abre, las hierbas se dispersan,
Dulcemente la abrazo, percibo su calor,
Me abandono a la dicha del encuentro anhelado,
Un corazón latiendo, la función acabando,
El final es principio de una historia de amor.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Un solo corazón



Tras muchos meses (¿años?) sin escribir nada, vuelvo a sentir tímidamente el deseo de volver a las andadas, sin saber muy bien sobre qué voy a divagar esta vez por escrito… Una cosa es pensar y que los pensamientos se evaporen sin más y otra bien distinta es plasmarlos en palabras escritas, que ahí queda la cosa para que después, en una segunda lectura, quede patente el enredo mental en el que una se mete ¿por puro aburrimiento? … La mayor parte de las veces, sí. Cuando estoy muy ocupada en alguna tarea, las voces mentales suelen sosegarse y someterse al quehacer, sin dar mucho la lata. En cambio, cuando me siento delante del ordenador con intención de escribir un rato, se vienen todas ellas arriba, queriendo hacerse las protagonistas de una posible historia aun por relatar.
Una posible historia… ¿Qué historia podría ser esa, que despertara el interés de un posible público ávido de emociones?...
Y una vocecilla responde a esa pregunta aclarando suavemente, que esa posible historia no ha de ser escrita para un potencial público, sino para una sola persona, o mejor dicho, para un solo corazón.
Mmmm… ¿Cómo escribir una historia para un corazón? ¿Y qué corazón ha de ser ese?... – Pregunto a esa voz listilla que formulaba hace unos segundos esa observación, que me deja algo desconcertada.
Y me responde: tu propio corazón; ese es el único corazón.
Tras meditar unos segundos – y no pensar – decido que voy a escribir al fin la historia para un solo corazón y así ha de llamarse: Un solo corazón.


Marielle estaba sentada ante su ordenador, dispuesta a comenzar con su trabajo, pero no conseguía concentrarse. Desde el comienzo de curso había estado trabajando muy duramente en la preparación de las clases, pero desde hacía algunos días parecía haber entrado en esa fase de saturación que ya le era conocida, durante la cual no conseguía continuar con el ritmo de estudio y trabajo. Era como si al haber comenzado la carrera con tantas fuerzas y haber invertido tanta energía en el comienzo, necesitara ahora aflojar y relajarse. Probablemente era eso lo que sucedía, que no había medido bien sus fuerzas. Y es que eso parecía formar parte de su personalidad; no conseguía encontrar un ritmo adecuado que pudiera mantener a la larga. En algún momento llegaba ese punto de saturación y a partir de ahí comenzaba a descender.

En ese impasse se encontraba; los síntomas eran claros: se le iba el santo al cielo, olvidaba las cosas, parecía ausente cuando los demás le hablaban, y es más, no le importaba lo más mínimo lo que tuvieran que contarle. Le daba igual ocho que ochenta… parecía perdida en un limbo personal muy lejano e inaccesible. Su marido le preguntaba ¿estás aquí? ¿En qué piensas?... y ella siempre decía “Sí; en nada, solo me he quedado embobada” En realidad aquel limbo era un lugar en el que se sentía libre; era “su” lugar. Nadie excepto ella podía acceder a él. Nadie sabía ni lo que allí veía ni con quién estaba. Nadie podía acusarla de infidelidad, de traición o de falta de responsabilidad por estar allí. Siempre podía decir que era su forma de mirar, que simplemente se había “quedado en blanco o había tenido un lapsus”…
Su marido la observaba en ocasiones con cierto escepticismo e incluso algo mosqueado. Aquél era un lugar al que él no podía acceder y eso le sacaba de quicio, por la enorme necesidad de controlarlo todo que él tenía. Y de algún modo ella también se sentía triunfante del poder que le confería ser la reina de ese territorio inalcanzable para los demás, ese refugio suyo en el que se sentía feliz, en el que lo imposible se hacía posible, en el que los deseos adquirían formas idealizadas, en el que los encuentros sucedían …

En ese reino suyo no existía el tiempo, ni la prisa ni la necesidad de trabajar a un ritmo frenético para ganar dinero. Allí, lejos de las trampas de este otro lado,  habitaba la emoción, se sucedían los encuentros fortuitos, las miradas cálidas y profundas, el latir de un solo corazón.  Era un lugar donde hablaban las almas y los cuerpos se fundían en abrazos suaves y profundos, donde la materia perdía su gravidez y las formas se desvanecían en una sucesión de imágenes caleidoscópicas… Donde el tiempo y el espacio no suponían ningún impedimento, donde los ojos eran emoción pura color azul, la bondad infinita, la sonrisa amable, la atracción intensa… Donde hacer el amor era tan ligero y tan hermoso como el suave aroma del jazmín de madrugada. … Donde no hacía falta urdir ningún plan para alcanzar un objetivo porque no había ningún objetivo que alcanzar, donde no había nada que arriesgar por un latido; por el latido de un solo corazón.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Pensamientos en el solsticio de invierno



Hoy es 21 de diciembre de 2014, el día de entrada en el solsticio de invierno. Hoy es también el día del ritual llamado “Espíritu de la Navidad”, que consiste en escribir una lista de deseos para el nuevo año; buenos deseos para el cosmos, para el planeta, para todos los seres que lo habitan, para los seres humanos en particular, para los amigos, la familia, la pareja, para uno mismo… Mi corazón está lleno de buenos deseos para todo y para todos. ¿Váis a hacer una meditación especial hoy? ¿Formuláis vosotros también vuestros deseos?...

Es tiempo de despedirse de lo viejo para dejar espacio a lo nuevo; de examinar los deseos que formulamos el año pasado y valorar cuáles de ellos ya forman parte de nuestra vida y cuáles otros se han quedado sin cumplir, esperando el momento adecuado, si es que alguna vez ha de llegar.
Deseos de bienestar, de vivir con más calma, disfrutando más del momento presente, en vez de este estar siempre con el alma en vilo por no saber si podremos llegar a fin de mes, si podremos seguir financiando los estudios de nuestros hijos … Con tantas restricciones (a pesar de que el Universo es abundancia), contando siempre el céntimo y planteándonos en ocasiones, si todo este esfuerzo realmente merece la pena en el fondo, si de esta manera serán efectivamente más felices sus vidas; continuando cada día con la esperanza de que ellos, los más jóvenes, puedan salir adelante, abrirse camino, encontrar lugar en este “tinglado” tan complicado que hemos montado y vivir “mejor” de lo que nosotros lo hacemos.

Escribo estas líneas y escucho en “off” comentarios que a mi parecer harían algunos de mis compañeros terapeutas, como que uno mismo es quien conforma su propia vida, que es responsabilidad de uno mismo el vivir consecuentemente con lo que siente, con lo que su corazón anhela, que uno debiera seguir “el camino del corazón” y que seguir ese camino hace feliz… ¿Dejar atrás entonces lo que oprime, lo que pesa y angustia? ¿Cambiar de vida y perseguir los sueños? ... Dirían que la vida es bella, que la vida es abundancia, que si algo me oprime es porque no estoy mirando bien … ¿Qué es realmente lo que te oprime?... escucho...

Y surgen más y más preguntas desde esta mente preguntona e incansable...¿Abandonar la partida y marchar por otro camino?... Sí, a veces mi corazón late fuerte cuando soplan nuevos vientos y a mis oídos llegan cantos de sirena que prometen una vida más feliz, pero si abandono (!no tienes ovarios! - dice otra voz provocadora)...¿no sería eso un “Hakuna Matata”, una ilusión, un oasis, un exilio, una huida, un sueño del que antes o después habría que despertar para enfrentarse a una cruda realidad?... ¿Desmontar todo el tinglado?... ¿Y qué pasaría entonces con los que dependen de uno…? ¿O eso también es ilusión? ...¿Se les deja en la estacada para que despierten y se recompongan como puedan después del tortazo, con el pretexto de que "todo es ilusión"?... ¿Deja uno simplemente que la torre de marfil se desmorone y que Dios provea?...  

Puede que la respuesta fuera que sí, si el esfuerzo supone un desgaste demasiado grande para uno; si el precio a pagar es demasiado alto. Y esa voz en off dice: “Si lo sientes, házlo; Si no, acepta lo que hay con amor y continúa trabajando en ti. La fruta caerá del árbol cuando esté madura; no seas impaciente” (bonitas palabras las de mis amigos terapeutas, pero ¿acaso no producen a veces más frustración aun, por dejarle a uno la sensación de que ya ni siquiera puede desahogarse, porque enseguida te cae encima un “santón” iluminado con recetas para una vida feliz, haciéndote sentir que eres un “pringao” que no se queda con la copla? ¿Y lo de que el Universo es abundancia y uno pasa necesidades porque se lo monta de "puta pena"??...Es como escuchar: "eres torpin /torpina y además no has crecido. Cuando madures comprenderás que hay otra manera de vivir y que si pasas necesidades o agobios es porque "quieres" o porque no sabes o porque hay un "defecto" en ti, o porque estás "dormido/a", a pesar de la cantidad de pasta que hayas podido gastarte en tu vida en terapias, libros de desarrollo transpersonal, cursillos, talleres, másteres y formaciones. Acepta, amiga, no ha llegado tu momento de despertar").

A modo de desahogo – y no de queja – diré que por supuesto que no me gusta trabajar bajo presión, tener que contar el céntimo para llegar a fin de mes y no poder comprar nada de nada en Navidad; Aunque se me ocurre que podría regalar algo hecho con mis manos... y no es mala idea.

Es verdad que muchas veces también me siento muy agradecida por todo lo que tengo, por lo que cada día recibo: techo, comida, personas a las que aprecio… Porque sé que vivo en un lugar más o menos seguro (por lo menos los talibanes no están al acecho, y eso ya es un consuelo). Sé que muchas personas viven una situación muchísimo peor que la mía, con muchas más restricciones y penalidades, pero eso no hace que cuando el zapato me aprieta, me deje de apretar. Además, hay que estar continuamente haciendo un ejercicio de control y pacificación mental, cuando estamos siendo testigos de tantos robos (y ya sabéis a lo que me refiero) mientras los ciudadanos experimentamos cada vez más carencias.

Pues bien, decido darme permiso para sentir lo que siento, y dentro de ese sentir hay de todo: momentos de tristeza, de alegría, de desesperanza, de esperanza, de rabia, de cansancio, de rebeldía, de ganas de dejarlo todo… Porque todo eso corresponde a la condición del ser humano, y por lo tanto no puedo dejar de experimentar tantas emociones y sentimientos contradictorios dentro de este mundo de dualidad en el que nos hallamos inmersos.

Quisiera pedir – que por pedir no quede -  a este año que va a entrar, amarme más a mi misma y vivir la vida con más alegría, dándome lo que necesito. Sí, quiero respetar mis necesidades y quiero también amar y recibir amor; darme permiso para ser amada, para ser tal como soy, sin exigirme tanto, sin infravalorarme, sin castigarme…

No sé qué más puedo pedir, si no eso… Porque si consigo abrir mi corazón y amarme, creo que lo demás se dará por añadidura.

He querido compartir estos pensamientos (no dejan de ser sólo eso - y eso no soy yo) con vosotros.

lunes, 10 de junio de 2013

Vivir el perdón


Mi vivencia del perdón hasta hoy

El taller del perdón con Jorge Lomar ha sido y es para mí la realización de un milagro. Un milagro más de los muchos milagros que suceden y de los que antes no era consciente y ahora empiezo a serlo.

Primera etapa, desde marzo 2013 hasta el 7 de junio 2013

Después del verano pasado, ya en Valladolid, un día recibí un correo de un familiar muy cercano en el que me contaba la dificultad que encontraba para perdonar a cierta persona por lo dolida que se sentía a causa de su comportamiento. Entonces vino a mi mente una vez más (en otras ocasiones lo había recordado) la charla que sobre el tema del perdón nos dio Reyes durante el segundo curso en Kayzen y busqué los apuntes que entonces había tomado con el fin de enviárselos a mi pariente.
Anduve durante algunos días buceando en el tema del perdón, indagando, seleccionando y recopilando textos que trataran del asunto.
Pero el tema quedó ahí latente y yo andaba dando vueltas en mi mente sobre ello una y otra vez. Sentía que la culpa, el rencor y el resentimiento me seguían a todas partes interponiéndose en mis relaciones e impidiendo que pudiera ver realmente al otro sin proyectar mis conflictos emocionales. Quería saber cómo podía llegar a perdonar y a perdonarme... Había hecho muchas terapias hasta entonces: terapia humanista, gestáltica, psicoanalítica, sistémica, transpersonal... y muchas prácticas: silla vacía, cortes de lazos, visualizaciones, regresiones, constelaciones,...sin embargo no había llegado aun a librarme del sufrimiento vital. Había algo que fallaba en mi o bien tendría que aceptar de una vez por todas que ese sentimiento de carencia y esa insatisfacción vital formaba parte de mi personalidad y me acompañarían de por vida y el anhelo profundo de paz interior sólo era una inalcanzable utopía; un lujo que sólo estaba al alcance de unos pocos “iluminados”. A mi, por supuesto, no me había tocado esa suerte..., de hecho nunca la había tenido.
De todos modos, el sufrimiento formaba parte de la vida; así era y así iba a seguir siendo. Además, por alguna razón que aun estaba por descubrir, mi vida estaba marcada por una especie de “mancha” de desgracia. Algo que me impedía surgir con fuerza, brillar y ser feliz.
La meditación y la práctica del yoga, así como las muchas lecturas inspiradoras, me ayudaban bastante a encontrar mi centro y a vivir de una manera más serena, si bien – como dicho – esas sensaciones de no ser buena, de ser defectuosa, de no poder conseguir gobernar mi vida, de impotencia, de carencia, de torpeza... ese machaque continuo estaba siempre, siempre ahí.

Entretanto había seguido manteniendo el contacto con Reyes, que había sido mi tutora y terapeuta durante el tercer curso de terapia transpersonal. De vez en cuando nos habíamos intercambiado mensajes de saludo por whatsapp. Me he sentido siempre muy bien acompañada por ella, no sólo durante el curso, sino después durante todo el proceso de mi hija. Ha sido y es una persona muy especial para mi, alguien en quien siempre he confiado profundamente, alguien con quien siento poder abrir mi corazón.
Un día me decidí a llamarla para pedirle acompañamiento terapéutico, ya que hacía varios meses que había terminado el curso y sentía que ella era la persona adecuada, de hecho tenía clarísimo que era ella a quien quería llamar; alguien que sabía lo que estaba atravesando, que conocía muy bien el proceso en el que me encontraba; alguien con quien sentía empatía y alguien que sabe del perdón...

Así pues llamé a Reyes y empezamos las sesiones de terapia.
A los pocos días de comenzar, me envió un enlace de la página de la Asociación del Perdón para poder descargarme las audiciones con las prácticas y así fue como descubrí que ella ya no formaba parte de la Escuela de Desarrollo Transpersonal, sino de esta otra asociación junto con Jorge Lomar, del que por otro lado había oído hablar varias veces, sin saber nada de la relación que los unía.

Empecé entonces a escuchar las conferencias de Jorge Lomar y a descargarme y escuchar todas las audiciones con las meditaciones y prácticas terapéuticas, además de seguir trabajando en lo que semanalmente me indicaba Reyes. Me volqué y sigo volcada totalmente en el trabajo del perdón.

Tenía muy claro que quería asistir a uno de los talleres de Jorge, tan pronto me fuera posible y así lo pedí al Universo. Tenía muy claro que por nada iba a perdérmelo.

Reyes, conduciéndome a través de esta aventura, me enseñó a trabajar los cinco pasos del perdón, a reconocerme como totalmente inocente, a darme cuenta de que la culpa es una distorsión cognitiva, a explorar mis personajes, a atender al sentir y permitir que suceda sin ponerle etiquetas ni contarme historias al respecto (el mantra “yo siento” me acompaña continuamente cada día).
Con ella recordé que el ego no es real, sino un programa creado por la mente, con el cual me he identificado. Aprendí a reconocer las defensas que utiliza el programa ego para seguir operando y evitar que me una al Ser. He reconocido y atravesado las distintas capas emocionales (la rabia, la tristeza, el dolor, el miedo, la culpa...),... y detrás de todo eso he tomado contacto con la inmensa paz que soy.

He recordado también que lo que me molesta en el otro es algo que no quiero ver en mi, es decir, algo que está en mi sombra. El otro me sirve de espejo para verme a mi misma. A saber que el conflicto está en mi mente, y sólo en mi mente y no fuera y a responsabilizarme de ello.
Este recordatorio ha sucedido de manera experiencial y no puramente teórica, por medio de prácticas que me han llevado a comprender que no hay nada fuera de mi; que el otro sólo me muestra mis propias limitaciones y que es una gran oportunidad para mi el descubrirlas y así poder trascenderlas, eligiendo verlo totalmente inocente, eligiendo paz en lugar de conflicto.
El perdón me ha ayudado y ayuda a comprender que el sufrimiento proviene de un programa de separación que emana del subconsciente colectivo. Es algo así como un “olvido de Dios”, la famosa “caída” que lleva a la mente a separarse de su fuente creadora, volviéndole la espalda, encontrándose así perdida en un mundo de múltiples apariencias en el que parece reinar el caos. Ahora sé que en cualquier momento, aquí y ahora, puedo regresar a “casa”, a esa fuente de la que procedo, que puedo caminar con el corazón abierto y sin miedo, pues sé que nada puede sucederme si voy unida al Ser.


Taller de Jorge Lomar, 7 – 9 de junio 2013

El taller con Jorge tuvo lugar el pasado fin de semana.
Me resulta un poco complicado recopilar lo que ha significado para mi este taller; es como hablar del "sabor" de la manzana, en lugar de darle el bocado. En primer lugar, como dicho, un milagro.
No me canso de escuchar a Jorge. Lo escucho casi a todas horas, y cuando no lo escucho, lo leo.
Me recuerda algo que siempre ha habitado en mí, algo que me acompaña toda la vida: una profunda certeza de que toda esta película, este escenario en el que me hallo inmersa no es la verdad. De que la Verdad es algo inconmensurable, fuera de los límites del tiempo y del espacio, algo que está en mi, algo que yo soy... es ese sabor... “eso” que no puedo expresar con palabras, pero ante lo cual me descubro, algo que mi corazón reconoce.
... Y todo esto está sucediendo en la mente...  Todos es un sueño...

Él tiene la facultad de saber traducir en palabras el lenguaje del espíritu, de hacer comprensible lo inexplicable, de descifrar el misterio.

Por ello siento una profunda gratitud.... Si él es tan valiente de salir al mundo con su mensaje de Amor... y si él está en mi mente, si él está en mi, si lo que veo en él me habla de mi, entonces siento que me llegan ecos de ese otro lugar al que pertenezco, que no debo andar lejos de mi hogar, que de alguna manera no estoy ni tan perdida ni tan loca, ni soy tan ilusa ni tan ingenua o quizás alguien ha confundido ingenuidad con inocencia... pues ¡hemos confundido tantas cosas!!!

¿Lo nuevo?... Quizás no haya nada completamente nuevo, es decir, Jorge me “recuerda” algo eterno, lo que Soy. Entonces no me suena a algo nuevo. Puedo escuchar muchas veces las mismas composiciones de Bach, de Beethoven, de Mozart, y siempre me parecen nuevas, pues la auténtica belleza es eterna, así como el mensaje de Paz que Jorge transmite, y que me llega tanto porque es Verdad. Jorge lleva la antorcha de luz e ilumina la oscuridad a su paso, por eso lo siguen tantas personas. Además - y esto es casi lo mejor - es "uno más", un amigo, un compañero, un caminante humilde que se mezcla con la gente sin pretensiones, cercano, sin careta, sin disfraces... tal cual.

He leído durante mucho tiempo textos de distintos maestros espirituales de oriente y de occidente: Nisargadatta,  Ramana Maharsi, Khrisnamurti, Eckhart Tolle, Adyashanti, Consuelo Martín,... maestros de la no-dualidad.
Pocos días antes del taller había comenzado a curiosear “Un curso de Milagros”, aunque aun no he comenzado la lectura de manera rigurosa, ya que ni siquiera tengo el libro y leer en pantalla me cansa mucho. Es algo que aun está pendiente...

Quizás lo nuevo extraído de este taller sea precisamente el reacercamiento a los conceptos que anteriormente habían tenido connotaciones religiosas y que por ello rechazaba: perdón, culpa, milagro, expiación, Dios... He tenido que redefinir estos conceptos para volver a emplearlos esta vez con verdadero sentido y deshacerme a la vez de los prejuicios que me dificultaban el acercamiento a los mismos y esto si es nuevo para mí.

Con Jorge he disfrutado de bucear en conceptos metafísicos y existenciales, flotar en lo abstracto, ámbito en el que me siento como pez en el agua.

Reyes me conduce más hacia la tierra, me invita a mirar lo cotidiano, lo que no me gusta ver, que es lo que más me hace aprender. Con ella no hay escaqueo posible.

Dos terapeutas, dos almas que me alientan a seguir caminando y perdonando en cada momento, sabiendo que no voy sola, que todos vamos juntos en esta loca aventura...